El pole y el feminismo han recorrido caminos paralelos que, en los últimos años, han comenzado a entrelazarse. Tradicionalmente se ha asociado como una práctica para satisfacer el placer masculino, pero el poder femenino ha comenzado una revolución con el objetivo de desestigmatizarlo y devolverle el valor que se merece a cada mujer que lo practica por decisión propia.

Al despojar al pole de su mirada hegemónica masculina, las mujeres lo han resignificado como un espacio de libertad, autoexploración y sororidad. Encontrando en esta disciplina una forma de empoderamiento físico y emocional que combina fuerza, flexibilidad y desafía los estereotipos de fragilidad femenina reivindicando la autonomía sobre el propio cuerpo.
En este contexto, muchas mujeres han encontrado en el pole un medio para conectar con su sensualidad sin sentirse juzgadas ni sometidas a la objetivación patriarcal, desafiando los mandatos de género, promoviendo una visión del cuerpo femenino como un instrumento de fortaleza, creatividad y libertad.

Foto: Fanny Equiguas
El nivel de felicidad, retos y satisfacción que genera hacer pole lleva a resignificar aspectos más importantes de la vida. Superar el nivel de frustración que genera una clase genera herramientas que llevan a acciones más significativas como: saber decir que no, poner límites, elevar tus estándares de merecimiento y más.
LA REVOLUCIÓN
En un mundo que ha controlado y regulado los cuerpos femeninos durante siglos, esta práctica emerge como un acto político de resistencia, empoderamiento y autoafirmación.

Foto: Fanny Equiguas
Asumir este acto significa desafiar las estructuras de poder y tomar el control sobre el propio cuerpo, dejando de lado la mirada ajena como filtro de validación.
Hacer pole es una declaración de independencia, un acto revolucionario contra las restricciones que la sociedad le ha impuesto a las mujeres sobre cómo deben moverse, vestirse y expresarse.
El pole, en su esencia, es una revuelta contra la opresión y la cosificación femenina. Al transformar un espacio históricamente asociado con la mirada masculina en un escenario de empoderamiento y resistencia, las mujeres están reescribiendo su propia historia.

Foto: Fanny Equiguas
¿IMPORTAN MÁS LOS MONUMENTOS?
Mientras que los edificios, estatuas y espacios públicos reciben protección, mantenimiento y protocolos de resguardo inmediato ante cualquier daño, las mujeres en México continúan enfrentando altos índices de violencia y feminicidios.
Realizar este proyecto fotográfico también es una manera de resignificar la libertad de apoderarse de un espacio público frente a uno de los monumentos más importantes de la ciudad que constantemente vive envallado para su protección ante cualquier tipo de daño o protesta.
Los monumentos son símbolos de poder y control estatal, mientras que la lucha feminista desafía las estructuras que los sostienen, una acento más si la protesta se realiza practicando pole.
Es momento de dejar de cimentar la historia y la memoria de una nación en piedras, hagámoslo desde la dignidad y seguridad de sus mujeres.

Foto: Fanny Equiguas
LA FOTOGRAFÍA A TRAVÉS DE LA MIRADA FEMENINA

Una mujer haciendo fotografía no sólo cambia la forma en que vemos el mundo, también reivindica la importancia de voces femeninas en la construcción de la memoria visual colectiva.
El activismo de este proyecto busca también romper la perspectiva masculina de retratar a las mujeres desde la objetivación con el discurso de retratarlas a través de la fuerza, la diversidad, la naturalidad y el arte.
Las mujeres merecen ser fotografiadas desde todas sus fortalezas, la sensibilidad, la intimidad y la representación, donde el cuerpo y las emociones toman un papel central.
- La fotografía genera representación, la representación genera activismo y el activismo genera revolución.
ASÍ SE VIVE

Foto: Fanny Equiguas
Este es el testimonio de diversas mujeres que practican pole y que lo utilizan como su herramienta de lucha frente al sistema. Todas desde diferentes contextos, tipos de cuerpos, tipos de piel, educación, preferencia sexual y nacionalidades.

Foto: Fanny Equiguas
“Gracias al Pole soy una persona más fuerte de mente y de cuerpo, confrontarme con cosas que nunca hubiera imaginado es lo que me hace estar practicando este deporte. El Pole ha hecho que pueda conocer a gente increíble, amarme más a mí misma y una forma de vida que me encanta.”, Mar Gaona.

Foto: Fanny Equiguas
“Para mí practicar pole dance es conocerme a través del movimiento, retarme y saber que soy capaz de hacer cosas que nunca imaginé. Como lucha contra el sistema puedo decir que contrario a todo lo que se nos ha enseñado, me siento dueña de mi cuerpo, sin tener que cumplir estándares de belleza para ser validada y sobre todo me ha hecho sentirme abrazada, apoyada, impulsada e inspirada por mujeres todo el tiempo.” Diana Vargas.
“El Pole Dance me ayudó a cuestionar una de las ideas más arraigadas que nos enseñan desde niñas: Tu cuerpo sólo vale si encaja en ciertos estereotipos. Crecemos creyendo que debemos moldearnos para ser aceptadas, que nuestra apariencia define nuestro valor. Pero cuando empecé a practicar Pole, algo cambió. Mi cuerpo dejó de ser un objeto a juzgar y se convirtió en una herramienta de fuerza, expresión y libertad. Aprendí a valorar lo que mi cuerpo puede hacer en lugar de cómo se ve. Hoy sé que su verdadero valor no está en cumplir expectativas ajenas, sino en permitirme moverme, sentir, crear y disfrutar la vida en mis propios términos.” Ceci Ponce.

Foto: Fanny Equiguas
“El sistema nos quiere sembrar miedo, pero el pole nos enseña a soltarlo. Juntas, diversas, sororas y en todos los colores”, Ophelia Pastrana.

Foto: Fanny Equiguas
«El pole en mi vida ha sido un reconectar conmigo desde la parte que me dijeron que las mujeres no podemos sentir y disfrutar, nuestra sensualidad, cada que veo un video mío haciendo una figura, es ir deconstruyendo a la Karina que le dijeron no lo hagas, no puedes, no eres tan fuerte, eso no es para ti, el pole me ayudó a quitarme los prejuicios de los ojos, ver, amar a la mujer que soy y abrazarme cada mañana frente al espejo porque soy poler». Karina Costilla.

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“El pole y el exotic han sido un regalo a mi creatividad, a mi danza y autoestima, además de una puerta para encontrar personas hermosas sin prejuicios. Es una herramienta de empoderamiento porque cada persona que conoce mi deporte, ya sea porque le he dado clase o porque se subió al pole que tengo en casa en una reunión, se dan cuenta de que no es nada fácil y que es muy divertido. Puede ser tan fuerte como tú quieras, tan artístico como se te antoje y tan sensual como ni te imaginas. Cada quién hace su propio mundo en el pole.” Gaby Santamaría.
“Para mi el pole significa poder, el poder de elegir, vivir y reconocerme como una mujer que tiene capacidades más allá de lo que alguna vez creí de mi misma. Ha sido una herramienta que ha ayudado a desafiarlo, desde el núcleo cercano (familiar/amistades) hasta de manera generar con los estándares sociales que nos han inculcado, por ejemplo con pensamientos como que las “mujeres no somos fuertes”. Incluso las creencias propias, como que no me sentía conectada con mi lado femenino porque lo veía como algo malo o débil me ha ayudado a eliminarlo. Pero principalmente me gusta decir que eliminó por completo la falsa creencia de que “el peor enemigo de una mujer es otra mujer” ya que aquí he encontrado una sororidad maravillosa.” , Tania Martínez.
“El pole es punk. Poque en la cultura del fitness un hombre en calzones mostrando su cuerpo semi desnudo, es digno de admiración y respeto. Pero si una mujer con similar vestimenta demuestra su fuerza, agilidad, destreza y su cuerpo en un tubo, es criticada, juzgada y mal vista. Pero para mi el pole es punk, es una forma de manifestarnos con nuestros cuerpos, nuestra fuerza, lo cual nos hace dignas de admiración. En esta revolución contra el sistema patriarcal, mi arma es mi tanga, mi top y mi tubo. Porque soy digna de admiración y no de cosificación” Ika

Foto: Fanny Equiguas
“Al crecer mis pies enraizar me hicieron y a mis alas olvidar su vuelo. Años vinieron y nuevos sueños llegaban, pero el dudar de mi nunca faltaba. Me contaron que mi cuerpo era un error y que al parecer ser yo, algún daño causaba. Me robaron mucho sumisa y callada yo estaba. Pero uno crece y el amor llegó, su nombre era Pole. A abrazar mi cuerpo me enseñó y con mis miedos y defectos a volar me orilló. A mis alas nueva vida les dio y de las cenizas mi alma encendió.”, Diana Saldivar.

Foto: Fanny Equiguas
«El pole dance, para mí, representa la libertad. Practicarlo es un acto revolucionario en una sociedad que nos ha enseñado que ser mujer implica debilidad en muchos aspectos. Creo firmemente que, aunque el pole es accesible para todos los cuerpos, no todas las mentes están preparadas para ello. Se necesita una gran valentía para abrazar esta forma de expresión y desafiar las normas establecidas.”, Paola Catalán.
«Para mi el pole es inspiración, motivación para seguir, amigas que vuelan conmigo, mujeres a las que admiro, un espacio donde no tengo miedo, donde la seguridad inunda mi cuerpo, donde me siento libre y plena, donde por fin me acepto… donde amo el proceso y la vida que tengo… porque el Pole es más que un pasatiempo, es mi terapia, parte de mi aliento de vida, son las mujeres que me acompañan y la fuerza con la que se alzan… es el brillo que nos mueve y que el miedo no nos detiene… el Pole es… simplemente… magia.», Linda Aseneth López.

«Para mí el Pole es la fuente de energía, fuerza y vitalidad que no sabía que necesitaba hasta que llegó a mi vida. Inició como un pasatiempo que practicaba dos horas por semana y poco a poco me enamoró y se clavó en lo más profundo de mi corazón. Me hizo superar miedos: miedo a lastimarme, miedo al dolor, miedo a las alturas, miedo a la comparación, miedo a ser juzgada, miedo al qué dirán… He conocido mujeres que son inspiración y un apoyo genuino donde los celos y las envidias se quedan en la imaginación, que siempre te darán la mano para ayudarte a crecer y que son las primeras en celebrarte cada logro.» Giselle Álvarez.

Foto: Fanny Equiguas
«Hacer pole dance representa la libertad de poder decidir, estar con ropa corta en un espacio seguro, una manera de expresarte y demostrar que las mujeres también podemos llegar a ser igual o incluso más fuertes que un hombre». Odette Alcocer.

Foto: Fanny Equiguas
«El pole me ha ayudado a superar mis propios límites, no solo hoy soy más fuerte, soy más valiente y permito a mí cuerpo expresarse y fluir, bailar, disfrutar, descubrirse y atreverse, todo esto rodeada de otras chicas que como yo pueden tener muchos complejos pero que siempre están para sostenerte, para apoyarte y para recordarte que no solo en el pole sino que en la vida siempre puedes con todo y con más.», Brizia Ocaña.

